
Este término me llegó a mi vida hace algún tiempo. Siempre me llamó la atención. Definiciones al respecto hay muchas. En el Budismo y en el hinduismo, que son las dos influencias que más nos han llegado, lo definen como El Camino o la cosa para la que estamos en este mundo y que sólo nosotros la podemos hacer. Nadie más. En lo personal yo lo relaciono con El Sentido de Vida que habla Victor Frankl ( del cuál ya les hable aquí). No pretendo para nada dar una cátedra del Dharma. Mi intención es compartir con ustedes lo que llevo de entendido del tema hasta este momento. Es mi manera de entender un poco más de algo, cuando es nuevo para mi y me resulta interesante. Eso me ayuda a crear Sinapsis en mi cerebro y a buscar más respuestas.
El Dharma es un concepto que me ha gustado mucho porque lo entiendo como esa parte positiva que venimos a aportar al mundo. Lo entiendo como contrario al Kharma, que a su vez es algo que no termina de convencerme, porque viene cargado de culpas del pasado. Pagar por algo que no sabes que hiciste no se me hace la mejor manera de “limpiar tu vida”. El Dharma, para mi, tiene una connotación positiva. Es una aportación única para el bien de todos. Es eso que tú y sólo tú has venido a sumar a esta vida para que el mundo sea un lugar mejor. Estar en camino lo veo como seguir esa luz que te indica que vas por el camino correcto cuando todo se ve muy oscuro. Cuando entendemos ¿Por qué estamos aquí? Lo que le sigue es tener el valor de buscar ese camino y seguirlo. Requiere de valor, porque tal vez implique romper con muchas cosas o creencias que hoy tenemos. Implica tal vez una confrontación con los demás pero sobre todo con nosotros mismos, con nuestras creencias más profundas y arraigadas.
En lo personal creo que puede ser relativamente fácil hacerlo, porque sólo requiere de escuchar esa voz que está dentro de nosotros desde siempre. Esa que creo todos hemos escuchado alguna vez. El detalle es que muchas veces hacemos todo por callarla, por hacer como que no existe. Dejamos que el ruido externo la diluya. Cuando ya no la escuchamos creemos que está bien, porque suponemos que así seremos realmente felices. Otras veces nos damos cuenta que sigue ahí y que parece en espera de que le hagamos caso. En ese intento de silenciarla es que se no pueden ir muchos años de nuestra vida. Es por eso, creo, que muchas personas la escuchan y sienten que es demasiado tarde. Que “ya no vale la pena ir por sus sueños” ya creen que están viejos.
En mi experiencia me he dado cuenta de que las veces que he intentado acallarla en la vida no me “va bien”. Ella ( yo le llamo La Voz) , en mi caso, nunca me deja, sólo se calma cuando le hago caso, le dedico tiempo y la escucho detenidamente. ¿El Premio? Siempre, siempre, siempre tiene razón. Nunca me ha fallado. Recuerdo que una vez intente silenciarla con un tema durante años y después regreso que no me dejaba dormir. Fue hasta que le hice caso que volvió la paz y tranquilidad a mi vida. Cuando deseo algo ella siempre me dice: “lo puedes hacer, sólo debes pagar el precio que ello implica, ¿Estás dispuesto a pagarlo?” El asunto, en mi caso particular, es que cuando logro algo que era un sueño me viene otro mayor. Parece que nunca se detiene. Cuando pregunto, me responde que cada sueño logrado sólo es parte del camino, que es una pequeña parte de esa misión que tengo en la vida y que debo cumplir a como de lugar.
El Dharma, entonces, lo veo como algo muy grande que lleva toda una vida estar en él. Que es un camino que se recorre al mismo tiempo que se cumple. No hay meta de llegada. Lo que hay en cada final de objetivo es una nueva estafeta, un reto más grande porque cada cosa que hacemos agranda nuestra capacidad. Es por eso que sólo al final sabremos si lo logramos o no. Por lo pronto sólo hay que encontrar nuestro camino y seguirlo. Nuestro Dharma.