
Todos tenemos una historia que contar. De hecho la mayor parte del tiempo estamos viviendo una historia. A la mayoría de los seres humanos nos gusta escuchar historias. Es por eso que nos gustan tanto las novelas, las películas y todo lo que sea que cuente una. Recuerdo que en la infancia, cuando no había televisión, mis hermanos se sentaban a escuchar las historias de Kaliman y mis hermanas les gustaban las radionovelas. Desde los inicios de la civilización lo que pasaba en una región era transmitido a otra por medio de personas que contaban y cantaban lo que había pasado. Creo que de ahí viene la tradición de los corridos. Dicen que la historia la escriben los vencedores. Pocas veces se habla del que perdió, dicen. Las buenas historias siempre tienen un héroe que vence a un villano.
Desde niños aprendemos a identificarnos con los personajes de las historias, contadas, vistas o leídas, y la mayor parte de las veces buscamos identificarnos con el héroe. Es por eso que los niños después de ver una película salen del cine queriendo insistentemente un muñeco del héroe. Es así que aprendemos siempre que las historias que valen la pena están en la pantalla o en otro lado menos en nuestra propia vida. Eso, desde mi punto de vista, genera un hábito mental en nosotros de sentir que nuestra, vida si no es como las de las grandes historias de libros, películas y más, no es interesante o que puede incluso ser aburrida. Una comparación peligrosa creo yo.
Eso lleva a que, casi siempre, esperemos que para tener una vida feliz y valiosa sea parecida a la de las películas. Esperamos que nuestra experiencia terrenal sea lo más parecida a las experiencias ficticias de las novelas o los cuentos de hadas. Eso nos aleja de nuestra esencia. De lo que verdaderamente somos. No quiero decir que buscar modelar las conductas de los héroes o heroínas de las historias sea malo. Lo que digo es que a veces eso nos puede hacer crear algo que no somos. Escribir nuestra propia historia, de forma consiente, es el mejor camino que conozco para ser feliz y tener plenitud en la vida.
Aunque suene a cliché, o a “filosofía de banqueta” te digo que no hay un ser en este mundo que sea igual a ti ni a mí. Que somos en realidad seres únicos e irrepetibles. Que todos tenemos una misión u objetivo único que cumplir en esta vida. Ver la vida de esa forma hace que podamos escribir y ser héroes de nuestra propia historia. La cual puede ser hasta más interesante que cualquiera que se pueda ver en el cine. Sólo es cosa que lo creamos posible y tomemos la decisión de escucharnos a nosotros mismos, conocer nuestros sueños y ser capaces de ir por ellos. ¿Tú qué opinas?