Cuando apenas éramos una pequeña célula en el vientre de nuestra madre, lo único que podía distinguirse a la viste es el corazón. Hoy cuando el médico hace un ultrasonido a una madre, lo que busca es el latido del corazón. Nuestra primera señal de vida. Ese órgano que crece con nosotros o que más bien nos hace crecer. Nos ayuda a tener vida. El cerebro se forma después. Muchos científicos dicen que los sentimientos vienen del cerebro y no del corazón. Yo tengo mis dudas.
En el vientre materno uno de los sonidos que más escuchamos es el del corazón de nuestra madre y el nuestro. Eso nos llena de serenidad. Nos dota de paz. Si la madre se altera, sentimos los latidos de su corazón acelerado y nos inquietamos. Cuando nacemos el que nuestra madre o padre nos tengan cerca de su corazón nos hace tranquilizarnos en automático.
Recuerdo que cuando mis hijos estaban dentro de su madre me emocionaba escuchar su corazón. Cuando escuche por primera vez el corazón de mi hijo mayor con un aparato, sentí algo indescriptible. Ese sonido como de olas me hacía sentir raro. Una felicidad automática que no puedo describir. Todas las veces que acompañe a mi esposa a los ultrasonidos, lo primero que buscaba era ese puntito gris que aparecía latiendo. En cuanto lo veía sabía que todo estaba bien. Cuando nacieron recuerdo que ponía mi oído o mi mano en su pecho. Eso me tranquilizaba y los tranquilizaba a ellos. Muchas noches los dormía en mi pecho porque de otra forma no se tranquilizaban.
Recuerdo todo esto porque veo que los humanos vamos olvidando escuchar y sentir a nuestro corazón. Para mi es como una brújula interior. Me alerta si se acelera sin un peligro aparente. Cuando intuyo algo el corazón es el que me avisa. El pecho, creo, es la parte de mi cuerpo donde tengo la mayor sensibilidad. No sé si con todos ustedes sea igual, pero en mi caso el corazón es señal de vida, de energía de sensaciones. Estoy re-aprendiendo a escucharlo. Creo que si lo escuchamos tiene muchas cosas buenas que decirnos. Sólo hay que escuchar.
Poner el corazón en lo que hacemos, es poner la vida en ello. Es hacer las cosas con vida, con pasión. Es poner lo mejor de nosotros en cada cosa que hacemos. Mi recomendación: Escuchemos a nuestro corazón y dejémonos guiar más por él y menos por la razón.